Enfoque sistémico y lugar

INDICE DE MATERIAS

  Principal
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  Presentación
1. Enfoque interpretativo
1.1 Introducción
1.2 Algunas categorías centrales del enfoque luhmanniano
1.3 Espacio y lugar
1.4 Lugar y sistemas autorreferentes
2 Elementos para un modelo integrado de variables
2.1 Introducción
2.2 Sistema familia-vivienda
2.3 Sistema vecindario-entorno inmediato
2.4 Sistema comunidad-habitat
3 Reflexiones finales
4 Bibliografía
5 Glosario
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1 Enfoque interpretativo

1.1 Introducción

El estudio de los hábitat residenciales pobres ha contemplado múltiples dimensiones con distintos énfasis, según sea la óptica disciplinaria utilizada. Por lo común se han distinguido los aspectos físico-espaciales de los socioculturales apuntando respectivamente a los intereses propios de las vertientes arquitectónica y sociológica.

Aunque esta distinción analítica de la realidad ha proporcionado un conocimiento acumulado de gran valor, bajo el supuesto ineludible que todo proceso de investigación debe elegir alguna expresión acatable dentro de la diversidad existente, por otro lado, ha conducido a la elaboración de explicaciones reduccionistas producto del desarrollo de marcos conceptuales independientes. De esa forma, se ha intentado dar cuenta de la dinámica social aludiendo a variables físico-espaciales como causas, o se ha pretendido que los cambios en la base material del hábitat son siempre función de la cultura y la estructura social.

En una reciente publicación, CEPAL asume lo anterior como una crisis de los paradigmas sobre la realidad urbana (1). Al respecto, se afirma que ninguno de los acercamientos disciplinarios ha resuelto adecuadamente la relación entre formas espaciales y procesos sociales. Se trataría de conceptualizaciones insuficientes, "siendo la raíz de ello el considerar que lo espacial puede definirse y tratarse como algo autónomo respecto de lo social, esto es, como una variable externa aunque relacionada con las variables sociales" (2).

Estas ambigüedades y contradicciones teóricas, sumadas a una incapacidad para abordar la crisis de la ciudad en Latinoamérica, lleva a este organismo a proponer un cambio de enfoque de carácter interdisciplinario, global y dinámico, fundamentado en tres condiciones:

a) Lograr una correcta comprensión de las relaciones entre las formas espaciales y los procesos sociales, como dos dimensiones de la realidad urbana.
b) Redefinir la noción de totalidad -donde la identidad del sistema no se atribuye ni a las partes ni a un todo emergente- desde una perspectiva relacional.
c) Privilegiar el análisis de procesos más que de situaciones o problemas, considerando que el estudio de esto último obedece en gran medida a las valoraciones sociales, contingencias políticas o modas, no necesariamente producto de un esfuerzo de comprensión de la realidad urbana.

Desde esta forma el estudio de los procesos ambientales privilegiaría la comprensión dialéctica entre actividades y necesidades humanas, por una parte, y dotaciones materiales, por otra. Por lo tanto, orientarse por esta recomendación "significa promover, ineludiblemente, un estilo interdisciplinario de comprensión" (3).

Ello implica asumir que no existen problemas "en" los hábitat, sino "de" los hábitat, porque el espacio no constituye un receptáculo pasivo de lo social sino una dimensión activa y constituyente de la realidad de los ambientes residenciales.

Algunas de estas ideas no son nuevas ya que, durante a lo menos las tres últimas décadas, los estudiosos de los conjuntos residenciales se han servido de una perspectiva sistémica que les permita interpretar globalmente los fenómenos que ocurren en su interior. De manera declarada o implícita, lo cierto es que muchos investigadores han debido recurrir a categorías relacionales para trabajar con variables de distinto orden.

Desde los coloquios organizados por el Comité de Ciencias del Comportamiento, en Chicago en los años cincuenta, donde ya resultaba clara la utilización de principios sistémicos, las investigaciones orientadas bajo esta forma de concebir los fenómenos urbanos se han multiplicado.

La ciudad pasó a entenderse en relación a su contexto y a las funciones desempeñadas por sus elementos componentes, y el sistema residencial en relación a las viviendas y a las personas que las habitan, intentando demostrar la interdependencia de las partes a través de la descripción de la estructura del todo.

A partir de esa matriz conceptual inspiradora, se ha transitado desde una concepción mecánica de la realidad, hacia una visión evolutiva, ya sea simulando modelos complejos de interacción o formulando metodologías que faciliten la toma de decisiones (4).

No obstante, ambos senderos continúan vinculados a la línea clásica de la teoría general de sistemas, que como tal puede aplicarse indistintamente a una diversidad de fenómenos donde predomine una perspectiva holística por sobre el estudio de partes aisladas. Es decir, las contribuciones efectuadas en el ámbito urbano a partir de la visión de sistemas, se basan directa o indirectamente en el enfoque de sistemas abiertos, formulado por Ludwig von Bertalanffy en los años cincuenta.

Recientemente, la inauguración de una teoría de sistemas socioculturales como una vertiente con principios propios y contenido independiente, aplicable específicamente a realidades sociales concretas, permite avanzar fructíferamente en el análisis de los hábitat residenciales, incorporando una diversidad de componentes tanto físico-espaciales como socioculturales. Dicho aporte, se encuentra representado por la obra del sociólogo alemán Niklas Luhmann, quien rompe con la tradición precedente, al sustituir las ideas clásicas de causalidad sistémica y descartar la supuesta existencia de constantes estructurales (5).

La perspectiva de Luhmann resulta una opción que, junto con recoger los avances epistemológicos más relevantes de los últimos años, ofrece un acercamiento que enfatiza lo contingente y, por tanto, pretende superar las definiciones apriorísticas de elementos, relaciones y fronteras de los sistemas. Este cambio de perspectiva se relaciona, según este autor, con uno de los principales problemas de la teoría clásica de sistemas, cual era asumir que la realidad sistémica constituye un estado provocado por efectos funcionales, contradiciendo una característica central de los sistemas sociales, que es su no dependencia incondicional de efectos específicos. Así es posible reemplazar el estudio formal de estructuras, elementos y funcionamiento, por la observación particular de su comportamiento real (6).

Notas:

1 CEPAL, 1989 (Volver)
2 CEPAL, 1989: 116 (Volver)
3 CEPAL, 1989: 127 (Volver)
4 BAILLY, 1978 (Volver)
5 ARNOLD, 1988 (Volver)
6 LUHMANN, 1973 (Volver)



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